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21. Retorno a casa.

Llegamos a Los Países Bajos. Y como mi anhelo de escapar de Bolivia había sido muy grande, empecé a comparar entre los dos países al instante. La primera impresión impactante fue la cantidad de bicicletas y la agilidad y la libertad de movimiento de los usuarios de todas las edades. Muchachos artistas de cabriolas y piruetas, niños de tres añitos ya tan hábiles al lado de sus papás, mujeres jóvenes hermosas de todos los estilos diferentes y mujeres setenteras de vestidos clásicos o deportivos, todos nos pasaron volando, mientras estuvimos tomando la primera cerveza de abadía en la terraza de un café aún soleado a las ocho de la tarde.

Imagínate: mujeres de la clase media cruceña en bici cruzando las calles en hordas de ciclistas de toda clase y color, volando para llegar a casa. Una de ellas anda relajadamente disfrutando la frescura del anochecer, la cara vestida con una serena sonrisa introvertida. Hábiles manejan ellas su bici por el tráfico incesante de otras bicis y un auto de vez en cuando.

Porque: ¿dónde están los autos? Casi no hay. Los autos desaparecieron en las ciudades. Peatones y ciclistas dominan el paisaje de las calles, los escasos autos los obedecen, perdieron el poder, todo se ha vuelto a la dimensión humana. Debajo de la superficie en el centro de la ciudad, de cualquier ciudad, debajo del centro comercial totalmente peatonal, hay cinco pisos de parqueos para autos, con cinco pisos encima, también en ciudades de origen medieval. La economía florece, la organización es sublime, siento un destello de orgullo.

¿Por qué nos fuimos? Y dejamos toda esa hermosa fluidez, esa colmena de abejas trabajadoras tan sanas, siempre en movimiento en sus bicis, in modus cooperando, nadie se choca, el tráfico fluye, allí los buses del transporte público, allá los bicis, al lado los peatones caminando tranquilos en áreas acogedoras con esculturas, jardincitos, árboles, o vagando por las curvas calles estrechas adornadas de canastos colgantes floreados y llenas de tiendas boutiques y cafés coloreados. Y luego descubrimos los parqueos subterráneos para bicis: miles y miles de bicis, en orden de batalla, siempre a la mano, mantenidas por el taller técnico alias guardián siempre presente. ¿Siento un destello de envidia allí?

Nos llenamos de imágenes, ideas, inventos, posibilidades, de la creatividad en todas partes. El almacén de mi cerebro guarda todo como sin orden. Sé que, de vuelta en Samaipata, los detalles aparecerán espontáneamente en la vida diaria. Si es que volvemos.

Atravesando la zona de parques y museos al lado del puerto de Rotterdam, nos sorprende el edificio futurista del nuevo depósito del museo Boymans van Beuningen. Las miles de obras de arte de todas las épocas se encuentran allí almacenadas y está abierto para el público. Si un día me obsesiona el deseo de ver la bailarina exquisita de Degas o La Torre de Babilonia de Pieter Brueghel, puedo ir a mirarlas el mismo día.

La imagen del depósito imponente, de una arquitectura osada, una fuente gigantesca cubierta de puros espejos, toda la ciudad se ve reflejada en ella, y ¡mira! ¿ves? Allí estamos también, dos bichos minúsculos entre los edificios de última arquitectura que ahora llenan el centro de Rotterdam, vaciado por el bombardeo de los alemanes en el principio de la II Guerra Mundial. Esa imagen me la llevo y la uso de archivo para guardar las inspiraciones todo el tiempo que viajamos por mi país de nacimiento.

Lo que también me ocurre es que nadie me mira, no soy nadie especial en este mundo. Las únicas que hacen contacto visual son las mujeres de cierta edad. Nos reconocemos, nos reímos al pasar, nos entendemos: guardamos el placer secreto de la liberación de la atención no deseada, la no buscada, la ya no necesitada. Y acá no soy la OTRA, de los ojos verdes, la alta, la vistosa, conocida por todo el pueblo y siempre mirada como una especie ajena en las ciudades de Bolivia. Perderme en esa anonimidad, el engolfarse en la masa, ya no sentir mi propio cuerpo, olvidarme de mi aspecto físico, ser parte de un sólido cuerpo móvil protector, es libertad reencontrada.

En el transcurso de los casi cuarenta años, la rara vez que volvemos a Europa, nos pasa que ella nos nutre y nos alimenta: como estudiantes durante el cursillo de dos semanas en la escuela de bio-agricultura y el taller de tres días de procesamiento de hierbas medicinales y alimenticias (ambos en 1987), durante el curso de un mes de administración hospitalaria, que me fui ofrecido por el gobierno holandés por falta de otro estudiante con pasaporte de Bolivia, en la academia de hotelería en La Haya; incluye tours a las últimas escuelas de gastronomía y hospedaje en hoteles extraordinarios en todo el país (2002). Nos estimula la fantasía durante nuestras visitas a los jardines botánicos de las universidades, a granjas biológicas, eco-tiendas, mercados campesinos biológicos, comidas en los mejores restaurantes de vez en cuando, los hospedajes en casas o edificios extraordinarios, monumentos o claustros renovados, durante las visitas a museos, a la exposición de miniaturas medievales, al monasterio de Benedictinos, a través de sus libros devocionarios caligráficos coloridos. Nos amplia la mente el vagar por ciudades antiguas o supermodernas, los días de paseo en bici eléctrica al lado del río, las librerías extensas, y los encuentros inesperados con almas afines, el sorpresivo concierto de órgano en la iglesia de una pequeña ciudad, las campanas del carillón que con su música acompaña la animada concurrencia del mercado semanal en la calle central de un pueblo, nuevos libros, entrevistas en la televisión, documentales, revistas. Europa siempre nos inspira.

Luego de unos años sin aquellas influencias, sentimos una absoluta necesidad de salir de Bolivia. La creación de la Finca dependía en gran parte de las imágenes y experiencias de nuestra vida anterior en Europa. Y no solamente la creación de los productos, las etiquetas o las recetas, o el diseño de los jardines, las cabañas y el parque nativo. También el trato con el personal: tuvo que ser sociable, democrático, inclusivo, horizontal, amigable e incentivado. Adoptamos un rol de constante voluntad a dar, y más dar y cuantos verbos más puedo usar y, como no, ahí los tienes: inspirar, explicar, educar, excitar, inducir, aclarar, alabar, empoderar, animar, reconfortar, amar, participar, envolver, picar, avivar, elogiar, estimular, premiar y bromear con nuestro equipo de pueblerinos, La Tribu (lea Blog no.18, Querida Tribu). Nos dejó vacíos, cansados y hasta deprimidos.

¿Y por qué nos metimos con tanta pasión? Para encender el fuego en los jóvenes de los ojos ya muertos, para suscitar la pasión en sus cuerpos ya petrificados. La incesante búsqueda a encontrar en ellos los talentos innatos, que el sistema escolar y la vida misma apagaron hasta que los mataron en muchos casos. ¿Y para qué? Para llegar a un equipo de colaboradores participantes verdaderamente interesados y comprometidos al lado nuestro.

Y no solamente se trató de ellos. ¿Qué hicimos en el pueblo mismo? Nos turnamos los dos para ocupar funciones públicas en las organizaciones de cultura, de servicios públicos, de turismo, de agricultura orgánica. Las fuerzas conservadoras opuestas a algún progreso en Samaipata nos agotaban. Aunque ellos no estén tan obvios a simple vista, los vestigios de aquellas gestiones los encontramos en los corazones de la gente del pueblo saludando y abrazándonos.

Queríamos cumplir esa promesa a Bolivia y a nosotros mismos: que no seamos europeos imponentes ni neo-colonizadores, pues, las dos culturas grandes nos atraen, y la fusión es nuestro ideal. La quintaesencia, el espíritu que lleva todo, la atmósfera específica que penetra toda la Finca, el resultado. Y qué felicidad haber logrado el ideal en esta pequeña colina, al menos.

La salida del país esta vez en junio pasado se parece más a una fuga de la situación política, simbolizada por la captura de la expresidente Janine Añez, de las amenazas, del aferrarse al poder, de las mentiras transparentes tan obvias, de un gobierno nuevamente llorando las lágrimas de cocodrilos de la víctima de la historia, y de las restricciones invernales por la pandemia. Bolivia ya no me atrae, me repele, me repugna, me entorpece. Siento una aversión al país durante todo el viaje.

Cuidando la casa de una amiga allí en Holanda encuentro el libro ‘Diccionario del amante de América Latina’ del escritor peruano Mario Vargas Llosa del año 2006, traducido al holandés. Leo el libro de adelante hacia atrás. Pues puede ser que Vargas sea la persona indicada para mostrarme si Bolivia poseería algo que me pueda interesar o mejor excitar todavía. Quizás me equivoco, quizás Vargas me puede confortar, consolar y ojalá convencerme que no me he fijado en algo importante. El libro expresa sus sentimientos muy personales y es una celebración de la historia y la cultura, en especial de la literatura, de siglos de América Latina.

¿Qué pasa? Me abre los ojos para la realidad brutal y a la vez emocionante de ese continente. Él me confronta, no se esconde atrás de ideas ideológicas, me muestra su empatía, su admiración y sus náuseas propias. Me desengaña, me desilusiona, me muestra la mistificación del indigenismo, me soporta, sus experiencias son mías y son nada raras, sí, él siente lo mismo sin ninguna vergüenza. Y él me permite decir: Melendre, basta ya con tu misericordia, tu empatía con las torpezas y brutalidades tan obvias. La historia de la colonización de Latinoamérica no la puedes usar siempre de excusa y basta ya de tu entendimiento de las tantas estupideces. Bolivia es también parte del mundo occidental, con una influencia enorme europea, habla el español, se inspira en libros norteamericanos, en la justicia francesa, el mismo gobierno del MAS está rodeado por asesores españoles y franceses y el país es capitalista en todos sus poros. Un cambio de vista, una aceptación de mis emociones, una mirada más seca es la consecuencia.

Otra corriente de fondo que me acompaña durante este viaje es dónde quiero vivir. ¿Volver a vivir en Europa, Holanda, España quizás, Inglaterra? ¿O buscarnos otro país en Latinoamérica?, Uruguay? Mi sobrino trata de tentarnos y envía información en línea de casas en venta. Le gustaría tenernos más cerca, más protegidos sus tíos setenteros ya, mejor asegurados de atención médica adecuada en nuestra edad avanzada. Las primeras semanas lo tomamos en serio. ¿Quisiéramos vivir en una calle así? Es muy insípida, llena de autos estacionados; un jardín grande o solo un patio; aburrido se ve el barrio; debe haber una estación de tren, este pueblo está demasiado cerca de la carretera; una ciudad pequeña mejor, ¿o un departamento en un barrio de una ciudad grande? ¿Y el piano? Los vecinos se van a quejar; y el frío en invierno, ¿mejor medio año aquí y medio año allá quizás? Alquiler entonces… Solo una vez me atrae algo en serio: un departamento chiquito en mi ciudad de nacimiento, cerca del centro, cerca de la estación de tren, sin embargo, el precio es horrendamente alto por solamente 45 metros cuadrados. La búsqueda se entibia.

Tenemos que abrir una cuenta bancaria nueva. Vivimos seis semanas de estrés sin respuesta –sin tarjeta de débito no se puede vivir o moverse en Holanda–. La respuesta es NO, su residencia en Bolivia es demasiado riesgosa para nuestro sistema bancario. Protestamos: ¿Tenemos acaso caras de blanqueadores, de mafiosos, de cocaleros, de contrabandistas, de pichicateros? ¿Dónde está la dimensión humana en este banco tan grande, rico y conocido por sus negocios internacionales mundiales globales? Por fin fuimos aceptados por un pequeño banco conocido por su política de relaciones personalizadas.

Como las restricciones por la pandemia no nos permiten viajar a otros países, nuestro giro de casi cuatro meses nos va revelando la hiper-digitalización de comunicación en la sociedad holandesa. Todo se debe arreglar por internet. Mientras no logramos procesar las tarjetas electrónicas específicas y tan prácticas para usar en todo el transporte público, que sea en tren, bus, tranvía, metro o barco, nos sentimos envueltos en una prueba de vallas. Y cuando logramos conseguir la facilidad que se les pague todos los viajes automatizados, nos miramos aliviados y nos felicitamos: hurra, pasamos otra valla.

¿Será que somos ya demasiado viejos para esa sociedad? ¡Nos cuesta tanta energía y la incertidumbre! Pero también los empleados detrás de los monitores nos admiten que les cuesta entender cada vez las nuevas adaptaciones más inexplicables. Así descubrimos que existe un abismo entre los que saben manejar la digitalización y los que se sienten más y más excluidos de una participación activa: los viejitos y los menos educados. La dimensión humana está en juego.

Tengo que abrir un DIGID en mi nombre en la plataforma estatal a través de la cual todos los institutos oficiales se comunican contigo: seguros, pensiones, códigos QR Corona Apps, impuestos, médicos y muchos más. Sin DIGID uno no puede existir, se cae en el olvido, eres un nadie, un pobre inexistente, un vagabundo ilegal, que si llama por teléfono debe esperar hasta una hora para ser atendido. Si quiere hablar de persona a persona siempre escucha decir: el sistema no me permite… Por el peligro de la piratería informática los mensajes digitales están protegidos por códigos encriptados. Ya desesperada llamé al número de asistencia para los que viven afuera del país del ministerio de asuntos exteriores y allí una mujer por fin me atiende y me explica simplemente cómo funciona en Holanda: no resista, adáptese, así funciona, no hay otra. Hasta el último día que recibimos el resultado de la prueba de PCR para poder volar de retorno a Bolivia: ¡el mensaje no se abre! Pánico, resuelto por un chico que nos presta su celular de una marca diferente a la nuestra.

A volver entonces: una noche de poco dormir en otra cama diferente, extraño mi propia cama en mi casa propia, mi nido en las alturas, y acepto la fecha de retorno ya programada. No me queda otra, ¿adónde más ir?

Bueno, estoy cuerpo y mente de vuelta en mi casa y con mis queridos amigos. ¿Me preguntas si Bolivia es mi casa? Quizás te sirva lo siguiente de respuesta:

“Qué no despierten la ira del inca”, fueron las palabras del vicepresidente David Choquehuanca hace unos días atrás. Tú no eres el Inca. El Inca se perdió con todos los demás incas. ¿Qué burla me está jugando? Ya no funciona conmigo. Tampoco logré digerir que la muchedumbre cruceña, a su vez, durante un cabildo político puro, se dejó ser inducida a rezar a un dios introducido e impuesto por los españoles. Puede que pertenezca al folklore local de hoy en día, pero no va conmigo.

Samaipata, entre el 20 de octubre y el 17 de noviembre de 2021

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Comments (3)

  1. José Luis Vega López Reply

    Melendre, durante su largo viaje por Los Países Bajos (Altos en Tecnología) en algún intercambio de Chats le comente que la Pandemia fue buena, para que junto al Trovador recorran nuevamente el corazón de su territorio y se encuentren con la nueva Holanda, con sus grandes dimensiones de modernidad, organización y su magnífico legado histórico de conquistadores, de cultura y  antiguas edificaciones.
    Son privilegiados de poder viajar, ser parte de ese mundo diferente y también de volver al Valle de la Purificación y vivir en un propio paraíso llamado Finca La Víspera.

  2. Rosa Leny Rodriguez De Vega Reply

    Melendre y su gran amor, son amantes de la naturaleza y no podrían vivir en 45 metros cuadrados, teniendo cinco hectáreas de árboles, plantas y flores de todas las especies. Cientos de aves, bellos colibríes que diariamente liban en su jardín, ofreciendo un magnífico espectáculo, junto al paisaje y su nido en las alturas.
    Ustedes son parte de nuestra tierra y sus raíces son tan grandes y fuertes que no podrían irse a vivir a otro país definitivamente.

  3. Oscar La Fuente Zerain Reply

    Cuando inicie la lectura del relato, Devuelta A Casa y conforme me introducida en la lectura, mi mente especulaba una serie de finales y siempre rondaba la pregunta: porque se fueron, y la respuesta fue rápida espontánea y natural, sin pienso : “Si nunca se fueron”, aquí quedó Piter y Margarita, La Víspera, las enseñanzas de lo simple y natural ,el piano , la sencillez y empatía de usted.
    Si junto a ustedes, vivimos en los tiempos donde nos hablabas con tu corazón , tenias tiempo para todos, no se olvida que fueron los pioneros de practicar y promocionar la vida saludable , como olvidar a Piter repartiendo leche montado en su bello caballo, o como directivo de las cooperativas, o apoyando a nuestro hospital, como olvidar muestras linternas, cuando tenias electricidad de 7 a 12 , de 14 a 18 y 19.40 a 22. y bocina de Cacho a 4..5 de madrugada anunciando el viaje a Santa Cruz, y todos se éramos felices.
    El silencio del pueblo era interrumpido por el bullicio de niños y jóvenes caminó a las tres escuelitas y único colegio, o algun vehículo que pasaba muy de vez en cuando, a los pocos minutos del bullicio escolar,, volvía el silencio placentero y contagiante, eran los tiempos que el sub desarrollo y felicidad,en el qué ustedes estaban inmersos.

    Ustedes se quedaron en memoria de este hermoso pueblo, mucha gente los recuerda y los saluda con cariño, los mas joven también saben quienes son Margarita y Piter, saben de tu arte, del piano de Piter , disfrutan de los frutos que sembraron usted., sabemos quienes son los gringos holandeses y usted sienten que los queremos.
    Ahora como en tu tierra natal todo cambió, ahora nos despertamos con el rugido de las motos y autos TENEMOS que acomodarnos a esta nueva Samaipata..
    Te sorprenderas que no te dimos la despedida ni bienvenida, es que usted nunca se fueron de nuestro pueblo y pasará muchos, pero muchos años y seguirán recordado a los gringos holandeses.
    Abrazos

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