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24. Bolivia no existe.

No me asusta, más bien me saca una risa encontrar una rana detrás del filtro de la lavadora después de lavar la ropa. Traigo las pinzas para pasta de la cocina y, tomando la hermosa rana de color amarillo verdoso, todavía blanda y perfecta en su muerte, la llevo a la orilla del jardín: que se pudra en paz. Es la primera mañana en la Finca desde nuestro retorno, luego de una ausencia de medio año en Europa. La siguiente inspección de la casita de escribir Atma es menos agradable. Encontramos la estufa llena de avispas muertas provenientes de un nido enorme de avispas pequeñas, las negritas que pican, dentro de la chimenea. Afuera se ve una nube de insectos danzando alrededor del sombrerete, asomado encima del techo natural de plantas silvestres. No me dejará entrar a escribir tranquila allí hasta que sea matado por el jardinero de muchos años de la Finca, Don Martín, que siempre sabe salvarnos con su sabiduría sobre fenómenos naturales.  

Unos días más tarde, durante la subida diaria a la cima de nuestra colina, Clemens me grita con voz admonitoria: ¡Sube!, ¡sube! Rápido, y alarmada volteo para saber qué le pasa, aún más abajo de mi, y lo veo curvado sobre sus piernas desnudas, va de shorts, y se golpea y repele con brazos agitados los bichitos que lo atacan. Empezamos a correr hacia arriba hasta que los insectos dejaron de seguirnos. Son las avispas amarillas largas, defendiendo su derecho a aterrizaje y vivienda aquí también. Hasta que los nidos sean tapados con tierra no podemos subir, ni permitir más accidentes de picadura fuerte. Imagínate que le hubiera pasado a algún visitante de la Finca. Clemens tuvo la buena suerte de que solamente le provocaron hinchazón y dolor en las piernas, la cabeza y la nariz, por un par de días. Lo aguanta sin muchas quejas, en el fondo feliz de tener ese cuerpo resistente y, desde luego, más inmune aún, gracias a unas veinte picaduras venenosas. Yo lo felicito por no haber entrado en shock, y me felicito a mi misma por tener la sangre amarga, ni los mosquitos me saben picar. ¿O por haberme convertido en una parte tan obvia del medio natural, que ni me consideran un animal amenazante? Me río por el pensamiento ilusorio y me advierto: Recién cuando estés completamente muerta, ya no vas a ser amenazante, y es más, sabrás tan deliciosa que te van a comer con gusto.

Justo en este periodo anterior a las primeras lluvias más intensas, dos experimentados ayudantes sexagenarios siempre vienen a cavar hoyos para los cien arbolitos primaverales que cada año solemos plantar. A su propio ritmo calmado, descubren paulatinamente una decena de nidos de las mismas avispas en la parte del denso bosque de la colina y los tapan con tierra al pasar. Una muestra de lo fructífera que ha sido nuestra ausencia de seis meses para ellas, pues solo nosotros dos caminamos estas sendas todos los días. Con un sentimiento algo incómodo por ser intrusos en su vida natural, me pregunto: ¿Será que las avispas se habrán dado cuenta del peligro que corría su nido al ser tapado? ¿Habrán podido mudarse a tiempo a terrenos más lejanos y verdaderamente silvestres? A pesar de estas dudas, estoy contenta de poder vivir la vida rústica con la certeza de estar rodeada de lugareños con una profunda experiencia y que no muestran ninguna prisa. Imagínate ser dependiente del servicio del municipio para que vengan a destruir los nidos con sus brutos químicos y aparatos, hombres vestidos de astronautas como si estuvieran por partir hacia otro planeta, algo que se suele hacer en el super organizado país de mi nacimiento.

El Bosque ‘De Hout’, Haarlem

Ha pasado una semana desde nuestro retorno. Sentados en la terraza de la casa, disfrutamos la gran variedad de aves que habitan tan cerca de nosotros. Y nos damos cuenta, recién ahora, que no vimos ningún pájaro en el bosque De Hout en Haarlem, cerca del departamento alquilado, donde caminamos muchas veces. Y que seguramente los pájaros de allí no podían escuchar ni a sus propias voces, por el ruido constante de miles de autos que transitan cruzando el mismo bosque. La llamada de amor primaveral se perdería y nunca recibiría eco. Entre ellos habrán decidido ya no volver allí en vano. El ya centenario bosque estuvo bonito en abril, mayo, con las silvestres flores de bultos azules de hyacinthus y las blancas de cebollita y narcisa pequeñas. Caminando por debajo de los altísimos árboles, impresionantes por su majestuosidad, vimos las hojas abriéndose cada día más. A los pies de los gigantes troncos crecieron casi solo ortigas, el suelo muy empobrecido por la gran cantidad de nitrógeno y amoníaco en el aire, provenientes del tráfico, la industria y el sobre abonamiento causado por la ganadería extensiva. En agosto, en pleno verano, las hojas ya se amarillaron, por la sequía y el calor, el cambio climatológico muy presente. Y luego, ya en otoño, vimos brotar hongos gigantescos encima de troncos muertos y ramas gruesas caídas, apelando a la imaginación por sus monstruosas formas, como en las películas de suspenso.

Ahora, acá, comparando aquel bosque con nuestra colina, decidimos que el bosque De Hout se sentía como muriendo en comparación con este, nuestro santuario, refugio, cobijo, escondite tal vez mejor. Porque el mundo nos parece mucho más peligroso, en una situación muy complicada, después de este, quizás el último viaje a Europa.

Al aterrizar en esta parte del mundo, cada día nos estamos conectando más con lo que le está pasando al país, donde vivimos ya casi cuarenta años. Recién de vuelta la veo a Bolivia, ahora a la espera de un inminente paro cívico, muy ensimismada, introvertida y encerrada. Se encuentra muy ocupada con las luchas entre los poderes estatales, y la defensa de una u otra o cualquiera democracia. Aparte de aquel escenario bélico, cada persona me parece atascada en su propio grupo, clase, ascendencia racial o nacional, cada uno con sus propias verdades de cultura, de economía, de desarrollo, de religión, de educación, de familia, de estatus. Cada convicción parece haberse cavado trincheras. Cuánto me hace falta el diálogo y un intercambio fructífero, la franqueza y la curiosidad para hacerse inspirar por cada uno, y así poder crear algo nuevo inesperado, algo de belleza hipnótica, por favor.

La verdad es que Bolivia no existe allá, afuera en el mundo, casi nadie sabe que existe un país con este nombre. En Europa, cuando digo que vivo en América del Sur, en el corazón de aquel continente, en un país llamado Bolivia, se me contesta: “Ah sí, ¿Colombia no?” Es rara la vez que alguien recuerda cuál es su capital: “Es La Paz, ¿no ve?” “No”, digo, “es otra, pero no importa”. “Oh, ¿si?” Y se disculpa, es que no se escucha nunca algo sobre Bolivia, como si no existiera.

A mi me pasa que, una vez en Europa, en cualquier país del aquel continente, el mismo día de llegada, me empiezan a brincar en mi las tantas posibles cosas por hacer, por experimentar, descubrir y sorprenderme, por disfrutar e inspirarme: visitas, encuentros, paseos, viajes en tren, librerías, museos, parques, tiendas de arte, de artesanías novedosas, de diseños deliciosos, ir al teatro, al cine, el simple disfrute de comidas sanas y exquisitas, en tantos restaurantes acogedores, con una terracita atractiva con una amplia variedad de sillas, de decoraciones, con música ambiental bien escogida, un pequeño jardín lleno de flores en la parte de atrás, para los que buscan el silencio. Ya solo el simple hecho de caminar por las calles de Haarlem, una ciudad no muy grande, es una experiencia intensa. A cada paso admiramos hermosas casas e iglesias medievales, todas tan bien mantenidas y limpias, con tantos detalles que nos captan la atención y que aumentan la alegría de tener la suerte de poder visitarla, una y otra vez. Y nos pasan siempre sorpresas, como en aquel día que pudimos disfrutar de un concierto barroco del órgano más grande que he visto en mi vida, justo cuando entramos en la Iglesia Grande en la plaza principal, otra vez más, a sentir los siglos y siglos que existe ya en aquella ciudad histórica.

La Iglesia Grande (AD1500) y su órgano barroco (AD1738), Haarlem, Países Bajos.

Y de pronto Bolivia se retira a un profundo fondo, se transforma en un lugar de recuerdo, de una visita de tal vez décadas atrás, o me llega a la memoria a modo de jirones de un sueño de la noche pasada. 

Mientras escribo estas frases, la ciudad de Santa Cruz se declaró en paro indefinido, y de los valles cruceños ni se puede salir ni llegar, tan solo por caminos alternativos, únicamente conocidos por nuestros valientes pilotos taxistas del pueblo.

El periódico El Deber nos mantiene informados de cada pedazo de noticia sobre el paro y las volteretas políticas de todas partes del país. Me llama la atención que también, casi todos los días, publica un artículo proveniente de la BBC o la DW, así cuasi cumpliendo su deber de informarnos un poquito más de lo que se vive fuera del país. Asumo que sirven de suaves empujoncitos sobre temas culturales, arte, literatura, tecnología, naturaleza o turismo, temas que no se viven mucho en Bolivia, solamente en ciertas élites, a fuego bajo, no muy apasionante ni llamativo ni sorprendente.

¡No es que no lo quieran! La cantidad de aficionados a asuntos culturales, sí, me sorprende. Existe un ansia profunda en ciertas personas, y las conozco, que buscan, trabajan y tratan de llegar, una y otra vez, a la profundidad de su tema elegido, sea literatura, sea pintura, sea danza, sea música, sea planeamiento urbano, sea la defensa de los bosques, sea la educación creativa, sea la justicia, sea la filosofía, lo que sea. Y luego, como son artistas y, muchas veces idealistas, buscan el reconocimiento, necesitan editoriales para publicar sus libros, quieren exponer sus obras y mostrar su arte en un centro cultural vibrante, activo y dedicado a entusiasmar a la población. Todos aquellos que se dedican a sus dones y talentos, siempre me comentan lo mismo: Reciben poco eco, quedan en erupciones temporales, se desilusionan, no hay fondos y mueren las iniciativas antes de cumplir las expectativas. ¿Por qué será?

Durante los paseos por los tres países que visitamos esta vez, enviamos fotos y pequeños videos para compartirlos con algunas de nuestras amistades que quedaron en casa, en Santa Cruz y Samaipata. La esperanza es que así puedan viajar con nosotros, sentir algo de nuestro entusiasmo, entender, aunque sea un poquito, las experiencias inolvidables que nosotros vivimos en ciertos momentos. Tal vez para que nos entiendan mejor a nuestro retorno. ¿Para invitarles a interesarse por lo que pasa afuera de su propio entorno? ¿Para sensibilizarlos sobre lo que les podría ofrecer una visita a esta parte del mundo? Ellos no viajan, no les interesa, se sentirían muy nerviosos o no podrían por falta de dinero. Cada vez que estoy en una tienda de un museo, por ejemplo, suelo tener un impulso fuerte para comprar un pequeño recuerdo, no tanto para mi, pienso más bien que será algo lindo o justo algo especial para una cierta amiga en Samaipata, para un miembro específico del equipo de mantenimiento de las terrazas, para los administradores, o para las dos cocineras fieles que ya tantos años trabajan en la Finca. Es parte de mi deseo de conectar mi mundo europeo con mi mundo boliviano. Y al mismo momento sé muy bien que es inútil, y no compro nada. Es rara la vez que algo me convenza de que, tal vez, llegará al corazón de la persona indicada, por los colores del diseño o por las fotos de obras de arte, y no tanto por lo que significa aquel recuerdo en especial para mi. En el fondo, mi historia, mi educación, mi formación, mis experiencias, serán siempre diferentes, inexplicables e incomprensibles.

“¡Tantos días de paro en Santa Cruz, 22 ya! ¿Cómo lo aguantas? ¡No sabemos nada de eso!”, exclama una amiga al llamarme de su casa en Holanda.

Sí, me está afectando cada día más. Y el lío aumentó aún más por el humo de los bosques en llamas en todo el país. No podemos ver hasta el otro lado del valle, ni salir a caminar, el humo nos afecta demasiado. Me siento tan encerrada, no hay escape. ¿Qué hago aquí, a qué he vuelto? Un vertiginoso pánico me invade durante la hora de visita de los demonios, todas las noches. ¿Qué me pasa? ¿Será el temor a la muerte inevitable dentro de diez o veinte años, mi frustración al ver los gobiernos muy indecisos al momento de elegir entre alcanzar los objetivos climáticos o aceptar una posible recesión económica, el temor a que ya no podemos escapar a ningún lado del mundo, el temor a las consecuencias del cisma en muchos países entre los conservadores de derecha o de izquierda y los más o menos liberales democráticos, o el temor y el asco horroroso que me causa ver las imágenes de las masacres de la guerra en Ucrania, será la angustia a que ya no me queda mucha perspectiva para poder desarrollar algo totalmente nuevo, como lo hice al escribir un blog, o para empezar una vida nueva como lo hicimos con esta finca en un país tan especial que fue Bolivia en aquel tiempo, o será el sentirme atrapada en este mi único cuerpo que ya va decayendo, y quién sabe hasta cuándo, sin muchas molestias?

¿Ves?, estoy llena de preguntas, ya no estoy segura de nada. Mientras tanto, ya estamos en el día 28 del paro. No veo tampoco cómo compartir las tantas experiencias que traigo de nuestro viaje, ya no sé si sonará una cuerda dentro de los que solo conocen la vida boliviana cotidiana. ¿Quién se interesaría en saber que vimos muchas personas en las calles de las que no se podría definir de qué género eran? Es que la fluidez de género está mucho más aceptada, se la muestra y me fascinó con cuanta creatividad lo expresan con su estilo de vestir, de maquillarse, de moverse tan libremente mostrándose al mundo: mírame sí quieres, este soy yo, más mujer por hoy día; mañana quizás ni mujer ni hombre. ¿Qué importa? Vivo en este, mi cuerpo. Y cómo nos miramos y nos reímos y nos saludamos con una alegría liberadora. ¿Quién me creyera?

Kim Leutwyler, artista pintora, Sídney, Australia, 2021

¿Quizás, desde luego, les interesaría saber que, siguiendo el ejemplo del movimiento de ME TOO, de las mujeres sexualmente agredidas por hombres sin conciencia, que ahora la atención se está dirigiendo hacia otras conductas transfronterizas? Hacia los jefes y dueños de empresas, hacia figuras públicas de la tele, hacia políticos, en especial por sus hábitos reprochables en situaciones laborales: gritar, exigir que se trabaje más de lo normal, mandar sin explicar el porqué, humillar, ignorar, imponer, difamar, silenciar, seducir, despedir ilegalmente, sin que ni siquiera se den cuenta de que actúan así. Asumen que es parte natural de su rol, de su estatus, de su autoridad. Se quejan de que su personal no sirve, no toma responsabilidad, no tiene iniciativa propia o demasiado, que no les apoya en sus ambiciones. Y ahora ya no se despiden al personal, si no al jefe, al presentador del programa televisivo, a la estrella de cine, al ministro, a la presidente del parlamento, y al dueño de la empresa se le aconseja irse de vacaciones.

¡Se levantó el paro! El truco de una ley, rápidamente aprobada, dio el empujón final. Los paneles tribales e interculturales del teatro político se desplazaron un poco más hacia versiones más democráticas, ¿quién sabe?

Y llega el día que los helicópteros empiezan a volar todos los días para apagar los fuegos en los valles cruceños. Y se levanta mi ánimo aún más mirando el video de la vibrante manifestación colorida con textos expresivos en cartulina, en la plaza de Samaipata, en pro de Nuestros Bosques Vallunos y en contra de la floja reacción de la alcaldía para actuar a tiempo y buscar a los culpables.

Ahora, sí, conviene, sin duda, incorporar acá una novedad, así se la presenta, sobre el sexo de la mujer, en los medios y revistas para la mujer en Europa: Su derecho al satisfacer su deseo erótico propio, sentir placer y éxtasis. Y no solamente para la vanguardista y la joven mujer vestida de película ejecutiva, también para la ama de casa, tu mamá, las abuelitas, tu esposa, tu hermana, inclusive la vecina, la gorda, la flaca, la como sea. Explican que es necesario para su salud corporal, mental y espiritual, y buenísimo para su autoestima y la aceptación propia de su cuerpo, sin pensar en las miradas ajenas; en fin, para el disfrute de tener un cuerpo que funciona totalmente. Y algo importante, añaden que las jóvenes deberían conocer su propio cuerpo, saber qué les gustan, antes de empezar una relación, con o sin juguetes sexuales vibradores, ya a la venta en las farmacias al lado de los pintalabios y la máscara. La vagina ha perdido su valor de canal de placer, mayormente masculino, en favor de los placeres de la vulva, de todo el cuerpo, en realidad. Ya basta con los dolores a ser penetrada y, es más: la penetración ya no debe ser la única ni la última meta de tener sexo. Porque por fin se ha esclarecido cómo funciona el aparato sexual femenino, tantas épocas un misterio. ¿No les parece revolucionario?

Las clases sobre sexo en las escuelas y los colegios se están adaptando, ponen el énfasis mucho menos en la reproducción, es que ya estamos con ocho millardos de nosotros, es decir: 8.000.000.000. No, ahora enseñan la importancia del respeto mutuo, y la reciprocidad y el intercambio de placer, que implique juego y creatividad en las relaciones sexuales. Conlleva  diferentes consecuencias, que se ven ya por todo el mundo, las relaciones amorosas, matrimoniales y amicales están cambiando, inclusive en Bolivia. Todas las mujeres tienen su celular, y seguro no se limitan a contestar los mensajes de su familia. Están entrando al mundo a través de su conexión con la web, el mundo se ha abierto, ellas son curiosas, se informan, ya lo deben saber. La cifra más alta de los feminicidios en Bolivia es una expresión de ello, lastimosamente. Y las protestas de los jóvenes en Irán, y la nueva ley en Indonesia prohibiendo tener sexo fuera del matrimonio, y el encierro de la mitad de la población en Afganistán, donde las mujeres ni pueden ir al parque. ¿Y todas aquellas medidas por cuestiones de la religión? ¿Hay quien lo creyera todavía?

Y cuando las colinas de enfrente de a poco se aclaran y el humo por fin se desvanece, nos bajamos al pueblo. Veo lugares nuevos donde almorzar, desayunar o tomarse un cafecito, y todos pintados en colores alegres y floreados. Y nos saludan el argentino artesano de batik, el alto belga poeta, y el turco panadero, que me besa con tanto entusiasmo al verme de nuevo. Una francesa coqueta y una porteña, con el porte del tango en su cuerpo serpentino, nos sirven cócteles en el famoso bar de la esquina. Y todos muestran una frescura en su deseo por crear algo nuevo en este rincón del mundo. Reconozco el mismo ánimo en la hermosa panadería de Masa Madre. Me hace recordar los primeros años nuestros en Samaipata. Y mientras que almorzamos en la terraza de La Chakana, administrada por un equipo de puro vallunas, la gente para a hablarnos, los que ya viven aquí desde su nacimiento, o hace diez años recién, no importa. La maestra de matemática de la escuela Creando, que trabaja con el sistema Montessori, nos comenta que están buscando un edificio más grande. Y luego, una esperanza excitante me llena al visitar CAPI, el Centro Artístico Pedagógico Integral, al lado del Museo, con todo el edificio del ex palacio de ajedrez ya a su disposición, una adquisición muy valerosa. Por fin podremos cumplir nuestra promesa a Samaipata: una incubadora de talentos jóvenes y un Centro Cultural para todo el pueblo.

La comedia musical “Matilda”, Londres, Matilda The Musical (enlace)

Me impacta esa nueva frescura en el aire, me estimula. Me hace recordar la razón por la que he regresado a Samaipata, donde sí se quedaron mis amistades, mi gente, mi familia boliviana, las personas que conozco ya muchos años o ni tantos, y con quienes me siento enlazada, íntimamente o ni tanto, pero sí vinculada. Y están cerca, siempre a la mano, me rodean, formamos un solo núcleo. Y aquí está nuestra colina bendecida donde creamos la Finca, donde construimos nuestra casa, nuestro verdadero hogar.

Mientras ya llegaron las primeras lluvias largas y fuertes, y de golpe todo está super verde. Tendremos agua en mayor cantidad y entramos, de un día al otro, al verano jugoso de los valles. Y, ¿sabes qué más? Samaipata siempre ha sido el famoso pueblo que hace fácil olvidar, aunque sea por momentos, que Bolivia existe. Igual el mundo, con sus problemas tan complejos, se retira en la lejanía al frente de mi colina, detrás del alto cerro neblinoso de Vicoquín, tiempo suficiente para poder recargarse de nuevo.

Samaipata, entre noviembre 2022 y enero 2023

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Comments (7)

  1. Maria Renee Pelaez Arguedas Reply

    Que gusto leer tu artículo, disfrute mucho la fotografia de la famosa catedral gótica y el famoso órgano que fue tocado por Handel y otros grandes de la música.
    Haarlem hermosa y romántica ciudad, con adoquines en sus calles manteniendo aun el estilo medieval… que felices, linda vacación muy merecida, un baño de actualizacion en este mundo que nos trae tantas experiencias buenas y malas… ahora justifico su prolongado silencio.
    Bienvenidos a Bolivia, a Samaipata que es su segundo hogar.
    Bienvenidos amigos queridos, que los recuerdo siempre con mucha admiración y cariño.

  2. Mónica Reply

    Un hermoso relato que nos permite conectarnos con tus sentimientos y pensamientos más profundos, como también nos motiva a vernos a nosotros mismos y nuestro entorno. Muchas gracias por compartir tus experiencias!

  3. Raquel Gómez Araúz Reply

    Melendre, los extrañamos mucho, feliz con su retorno y sin duda maravillada como siempre con tu articulo que nos hace viajar y vivir, meditar y conocer por muchos lugaras, gracias por tanto querida Marga

  4. Marlen Vargas Reply

    Hermoso relato, es interesante ver los dos mundos en paralelo desde tu sentir , gracias por incluirme entre tus lectores, me encantó leerte!

    1. José Luis Vega López Reply

      Melendre, gracias por la nueva crónica en su Blog, la estábamos extrañando.
      La verdad que Bolivia no existe en Europa y si algo se tiene de referencia es el lago Titicaca. Y si alguien la nombra, lo cita como un estado fallido y pobre, mostrando a los pobres y abandonados campesinos del altiplano.
      El pasado 31 de diciembre, cuando celebramos la exitosa “Tarde Vieja” en la Finca “La Víspera”, después de muchos meses aprecié de nuevo el gran y hermoso jardín y el bosque que rodea la casa de Melendre y su Trovador, es sin duda una belleza que supero a mi imaginación, cuando lo describe en mi novela. Es por ello que entiendo la felicidad de Melendre al volverlo a ver esa belleza natural después de seis meses.
      Melendre, aprecié mucho el relato del viaje por los Países Bajos, conocer detalles y curiosidades. Tambien he podido percibir que Melendre ya domina la escritura en Castellano.
      Yo y mi esposita estamos muy felices de ver lo bien acomodado e ideal para el turismo, de la zona del Restaurante de la Finca
      Felicitaciones a los creadores por todo, mucho cariño a los holandeses Samaipateños.

  5. Rosa Leny Rodriguez De Vega Reply

    Un viaje maravilloso y selectas visitas a los mágicos lugares que irradian cultura y conocimiento. Tuvimos el privilegio de seguirlos en partes de su viaje mediante fotos y videos.
    Estoy segura que el próximo año Melendre y su amor de toda la vida volverán a la bella Holanda.
    Viajar es aprender, conocer, disfrutar, amar y lo más importante volver a casa y ser feliz con lo que lo espera y tiene.
    Felicitaciones Melendre.

  6. Ana Ximena Zamora Reply

    …. Qué sería si dejáramos de asombrarnos, de cuestionarnos , de notar diferencias , ausencias y de darnos cuenta que no todos conocen ni se cuestionan de lo que existe más allá de otro continente.
    Se conoce lo que se quiere , pero se profundiza en aquello que llama nuestra capacidad de asombro….
    Margarita de donde venimos, lo que vivimos, lo que decidimos ser , hacer , seguir y donde estar es lo que nos determina. No por ello dejamos de ser lo que en esencia se es , por más preferencia sexual se tenga y tratar de determinar a través de esa preferencia que soy.
    El leer entre líneas en tu relato sobre los cambios que vienen y se están dando son realidad, la diferencia está en saber si estamos preparados para enfrentar lo que nos devora estamos conscientes del control total de la libertad que se nos viene , de la superpoblación que incomoda y que se involucra con el cambio climático . De la inteligencia artificial en guiar nuestras mentes … lo importante es no perder la capacidad de asombro , de observar de cuestionarse . Las diferencias nos hacen únicos y a la vez lo que nos une es nuestra humanidad

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