×

1. Desde mi Gabinete

Ahora tengo 70 años. Sentada a la mesa en Atma, mi estudio donde trato de vaciar mi mente, comienzo la tarea de narrar sobre la creación de la Finca La Vispera, ahora en español, un desafío nuevo. ¿Dónde empezar? No me es posible contar esta historia desde la fecha de la fundación en 1984. El resultado sería una enciclopedia de varios tomos pesados. Opto por la forma de relatos cortos, en los cuales buscaré la relación entre la actualidad y los acontecimientos del pasado. Los muchos objetos personales acumulados en Atma, escritos personales, tarjetas, pinturas, fotos, boletines, proyectos, recortes de periódicos y revistas, libros, piedras, caracoles, cartas de viajes, me ayudarán a escoger mis temas. Ellos me inspiran a despertar mi memoria y contarte de recuerdos dormidos y los vivos de hoy. Una mixtura de sabores, un tejido de muchos colores, o imagino mejor un gabinete antiguo con cien cajitas de colecciones raras. Y cada vez que me siento a escribir un relato, abro una o varias, y elijo tal objeto que salta un chispazo tan memorable, que nace un narrativo nuevo al instante. 

Así pienso que pueda llegar a una historia interactiva, porque no solo me gustaría contar, si no también escuchar las voces o leer las reacciones de los lectores. Escogí el seudónimo Melendre, el nombre de una planta arbustiva endémica andina, no para ocultarme, sino por la atmósfera que emite la misma palabra cuando la pronuncio lentamente: M-e-l-e-n-d-r-e, me envuelve y me penetra. Y, encantada por su perfume, primero suave y paulatinamente penetrante hasta brutal, me permite usar las palabras exactas.

Déjame contar ahora el sueño que tuve hace más, seguramente, de veinticinco años atrás: soy una viejita y vivo sola en la colina de la finca, en el área que ahora se llama el Parque Nativo. Me encuentro muy contenta con mi vida y sigo llena de energía. Cada día salgo a hablar con las plantas y abrazo los árboles en mi paradisíaco ambiente pintado de todos los tonos verdes. Canto con los pájaros, y los animalitos e insectos son mis vecinos cohabitantes de la misma colina. Estoy feliz, encanecida, arrugada, encogida y llena de humor e ironía sobre los hechos de la gente y el mundo. Mi hogar es una cueva caliente, aromática, acogedora, donde tengo todo lo que necesito para el bienvivir: simple, adecuado, todo a la mano.

 A veces me visita la gente del pueblo para pedirme consejos sobre su salud, qué decidir con el resto de su vida o cuestiones de amor. Mi remedio es preguntar y escuchar, luego abro una cajita en mi memoria y les hago un cuento de una experiencia mía, parecida a lo que le está pasando en la vida de mi visitante. Y poder hacerlo de esta manera me agrada muchísimo, río y grito como una bruja sin vergüenza contándoles mis relatos. Ya no me toca nada y nadie, estoy liberada. 

A mi hermana Belle, arquitecta en Ámsterdam, tanto le gustó mi sueño que me diseñó “la cueva”, una casita redonda de adobe y piedra con un techo natural de plantas silvestres, con el nombre Samaihuasi, casa de descanso en quechua. En el período anterior, cuando vivíamos todavía al medio de las terrazas de la finca, la construimos y la solíamos usar como retiro para escapar unas horas del trabajo. 

Entrando en otra fase de mi vida, le cambié el nombre a Atma, que es aliento, aire, espacio en el sánscrito antiguo. Porque mi cerebro me molesta a veces demasiado con sus tantos recuerdos, pensamientos y preocupaciones reales e inventadas. Atma me abraza, me relaja y me lleva a cimas de entusiasmo o emoción, depende de lo que me mueva o concierna en el momento. Cada atardecer subo y camino sobre las sendas de esta colina, hasta el bosquecito donde las melendres me esperan. Siempre escucho allí las voces de los colibrís Cometas, y a veces ellos me permiten ver sus cuerpos largos, elegantes, verdes-rojizos, fugazmente volando sobre las flores anaranjadas.                             

Aquí estoy sentada y me pregunto: ¿soy la mujer de mi sueño de hace tantos años? Me falta todavía el punto de no volver atrás ni adelante, el poder de desaparecer en el momento. Lo logro solamente perdiéndome en mis relatos. Sin embargo, tengo que admitir que ¡Sí, en grandes rasgos, soy ella!

Samaipata, 16/09/19.

Fotos adjuntadas:

-Melendre (Cnicothamnus lorentzii) de Moisés Mendoza, región de Comarapa, archivo Kew Gardens, Gran Bretaña. 

-Le Cyclope, pintura Odilon Redon, eBay prints.

Author

Comments (1)

  1. José Luis Vega López Reply

    Margaretha me alegró mucho leer su blog, es el inicio de la historia, de uno de los lugares más destacados de Samaipata, como lo es la Finca La Víspera.
    La Esencia , el Aliento el Atma recorre desde hace 34 años los verdes campos de La Víspera, la magia de los matices , las semillas que llegaron de diferentes partes del mundo llenaron de plantas, flores y colores.
    Hoy dibujan el Alma de La Víspera, la fragancia de los Melendres, Petricor la exquisita fragancia del olor a tierra mojada cuando cae la lluvia y baña también los frondosos árboles, que hace años fueron plantados por Pieter y Margaretha los Holandeses Samaipateños. José Luis Vega López

Deja un comentario

Your email address will not be published. Required fields are marked *

*

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.